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Este libro homenajea a las mujeres brigadistas, pero también españolas, antifascistas todas, que trabajaron en el frente y los hospitales para salvar la vida y curar a militares y civiles víctimas de la terrible agresión fascista.

Memoriales BI en España

Monumento a las BBII en Morata

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Las Brigadas Internacionales en la batalla del Ebro. El inicio de la ofensiva

Las visiones de Juan Modesto, Jefe del Ejército del Ebro, y de Pedro Mateo Merino, Jefe de la 35 División Internacional

Con motivo del 80º aniversario de la batalla del Ebro vamos a ofrecer, en sucesivas partes, las páginas escritas por Juan Modesto  y Pedro Mateo sobre esta ofensiva republicana. La 1ª parte se refiere al inicio de la ofensiva,iniciada en la noche del 24 al 25 de julio de 1938 y concluida el 3 de agosto. La 2ª parte versará sobre los acontecimientos de agosto y la 3ª sobre los combates de septiembre hasta la retirada de las BI el 23-24 de ese mes.

Las BI estuvieron agrupadas en dos divisiones: la 35 (brigadas XI, XIII y XV) mandada por Pedro Mateo Merino, y la 45 (brigadas XII, XIV y 139), mandada por Hans Kahle. Modesto no relata la acción de la 45 división en el inicio de la operación, protagonizada heroicamente por la XIV BI y que tuvo por escenario la zona de Amposta, donde sufrió un gran quebranto.

Fuente: Wikipedia

Juan Modesto. Soy del Quinto Regimiento

Hacia el paso

El 18 de julio, en presencia del general Rojo, reuní a los mandos de las unidades subordinadas hasta el escalón división, a los comandantes de brigadas que cumplían misiones de interés capital para todo el Ejército y a los jefes de armas y servicios de éste, y di la orden general para la operación. Repetí ante todos lo que había sido una constante en todos los entrenamientos: el jefe de cada unidad debía pasar el do con la primera de sus subordinadas, es decir, el jefe de compañía con la sección de cabeza, el jefe de batallón con la compañía de vanguardia, el jefe de brigada con su primer batallón y el jefe de división con su primera brigada. De esta forma siempre quedaba asegurada la dirección de la operación en la orilla opuesta. No me extenderé sobre dicha orden. Sólo diré algo indispensable.

El Ejército del Ebro tenía la misión de constituir una cabeza de puente en la zona de Gandesa y, en caso favorable, proseguir sus acciones en dirección O. y SO. Si esto no era posible por la rapidez de la reacción del enemigo, ya que el forzamiento del do significaba una amenaza para su retaguardia, obligarle a retener sus reservas durante un mes, como mínimo, ante nuestras posiciones en la margen derecha del río. En ese plazo de tiempo, nuestras fuerzas de la zona Centro-Sur y del frente de Levante debían organizar una operación en dirección Catí.

La operación del Ebro tenía que desarrollarse en el espacio comprendido entre Mequinenza y Amposta. La dirección principal de ataque estaba en el centro de ambos puntos, en el tramo del río Ebro limitado al N. por el río Matarraña y al S. por el Canaletas. Completaban la maniobra otras dos direcciones en los flancos: una en el derecho, entre Mequinenza y Fayón, a cargo de la 226 brigada, y otra, en el izquierdo, a un kilométro al N. de Amposta.

En esa zona montañosa, que arranca de las estribaciones del Sistema Ibérico y de la prolongación del Maestrazgo, en dirección NE. se encuentran las Sierras de Pandols, Caballs, Lavall de la Torre y del Águila. Más adentro, al O. de la última, se alza la Sierra de la Fatarella. El terreno inmediato al Ebro, entre el Matarraña y el Canaletas, donde íbamos a asestar el golpe principal, se com­partimentaba así:

El sector Norte, desde Fayón hasta Flix (unos 20 kms.), que abarcaba la Sierra de la Fatarella, muy accidentado, con alturas superiores a 400 m., pendientes pronunciadas cubiertas de olivares, avellanos y almendros que, formando pequeñas terrazas, llegaban hasta el río. La comunicación fundamental era un camino asfaltado, paralelo e inmediato al río, que unía a Flix con Ascó. También había un camino de montaña utilizable que cruzaba la Sierra de la Fatarella. Los restantes eran estrechos y accesibles solamente para infantería y transporte a lomo. Aquí el río tenía una anchura de 150 m., con orillas altas y escarpadas. Los lugares más cómodos para su forzamiento estaban en el sector Ribarroja-Flix, donde las orillas eran de pendientes suaves.

  • El sector Central, de Flix a Miravet (30 km.), fuertemente accidentado y cruzado por la Sierra del Águila, arrumbaba de SO a NE, compartimentando el terreno entre Mora de Ebro y Aseó. Las alturas de este contrafuerte eran el vértice Águila en la parte N (497 m.) y el vértice Picoza al S. (496 m). La comunicación fundamental era la carretera que, prolongación de la de Flix-Ascó, pasaba al O. de la Sierra del Águila y en Venta de Camposines se unía a la carretera general que atraviesa Mora de Ebro - Gandesa, aptas para toda clase de transporte. Ambas, en los flancos del sector Central. Las orillas del río en la región de Ascó y al S. de Mora de Ebro eran de pendientes suaves, cubiertas de olivos y frutales. La anchura del río no pasaba de 100-120 metros.
  • El Sector Sur, de Miravet a Benifallet (10 km.), se caracterizaba por la existencia en ambas orillas de alturas de 300 m. y más, que en la occidental se van elevando hasta unirse a las crestas de Pandols, que constituyen un fuerte baluarte en los accesos a Gandesa. Las orillas del río, altas y escarpadas, sólo permitían el forzamiento en el sector de Ginestar. La anchura de la corriente, igual que en el sector Central.

Del examen del terreno inmediato al río, como del despliegue del enemigo - que expondré más adelante-, resaltaba como el más conveniente para el forzamiento del sector Central en su parte norte, al S. de Ascó. Y esa fue mi decisión, compartida por mi Estado Mayor. Esa era también la del Estado Mayor Central. El curso de los acontecimientos justificó dicha elección.


"Hemos pasado el Ebro"

El paso del Ebro se inició con los primeros parpadeos del día 25 de julio de 1938. Los escalones de sorpresa, seguidos de las vanguardias de las unidades pertenecientes a la brigada 226, las divisiones 3, 35 y 11 y las brigadas 10 y 14, comenzaron la acción forzando el río en lanchas por doce puntos distintos. El paso se hizo así:

- La 226 Brigada, al mando de Antonio Ortiz, con José Carmona de comisario.

Tres batallones pasaron espléndidamente el río en barcas y a las 3.00 horas estaban todos en la orilla derecha sin una sola baja. Dos de ellos penetraron audazmente por la vaguada que quebraba el macizo montañoso en su punto de paso hacia sus objetivos, los altos de los Auts, que ocuparon, cortando las comunicaciones Fayón-Mequinenza. El tercer batallón hizo al amanecer un simulacro de ataque frontal a las posiciones enemigas, lo que aprovecharon unas compañías para caer sobre el enemigo por la retaguardia. Al verlos venir éste creyó que eran refuerzos suyos y profirió gritos de alegría, saliendo de su error al ser hechos prisioneros. La brigada 226 hizo cientos de prisioneros y cogió muchos trofeos, el más sobresaliente de los cuales fue un grupo de artillería de 155 mm. a tracción mecánica.

-La 3ª División, al mando de Cabezo (días después fue relevado por Domingo García), con Carlos García de comisario y Manuel Alberdi de jefe de E.M. En el punto de paso de la curva al NE de Ribarroja pasó la 31 brigada, que mandaba Dositeo Sánchez, con Mariano García de comisario. Tres kilómetros al O. de Flix lo hizo la 33 brigada, que mandaba Fidel Ruiz y cuyo comisario era Ángel Jimeno.

A las 9,30 había pasado la 31 Brigada. La aviación enemiga efectuó ocho asaltos, bombardeando y ametrallando los puntos de paso, lo que retrasó el de las restantes fuerzas de las brigadas 33 y 60. Esta última la mandaba José García Acebedo y el comisario era Lacunza. Parte de las brigadas 33 y 60 hicieron el paso en barcas.

La 3ª División, apoyada por la artillería desde la orilla izquierda, conquistó Flix y Ribarroja, situándose sobre la Fatarella y dominando la Sierra del mismo nombre. En el último poblado, el comisario de la 3ª, obrero metalúrgico de Madrid, entró el primero en coche y en la plaza del pueblo gritó: "Visca Catalunya lliure", "Abaix el feixisme". En el pueblo sólo había mujeres vestidas de luto. Eran las madres y viudas de los 17 asesinados - entre ellos el Alcalde y el presidente de la JSU - cuando se negaron a someterse a los facinerosos acaudillados por Martí, de Mora, vulgares asesinos que cometieron aquel crimen en nombre de la CNT -FAI.

Miembros del Bat. Mackenzie Papineau cruzan el Ebro el 25 J

- La 35ª División, que mandaba Pedro Mateo Merino, con José Mana Sastre de comisario y Julián Henriquez Caubin de jefe de E.M.

Por el primer sector de paso, 2-3 km. al N. de Ascó, atravesaron el río las brigadas 13 y 15. La 11 brigada lo hizo con retraso por el segundo sector, 2-3 km. al SE de Ascó.

Iba en vanguardia la 13... Protegiéndose de Ascó con fuerzas de cobertura, la brigada desarrolló su acción en dirección al cruce de comunicaciones de la Venta de Camposines, donde a las 7,00 horas sorprendió en su puesto de mando e hizo prisionero a un teniente coronel, jefe de un sector de la defensa y a su Estado Mayor. Se apoderó de un grupo de artillería.

La 11 brigada, atacó Ascó, donde el enemigo ocupaba los puntos dominantes de las alturas, lo que exigió una serie de enérgicos ataques de la 11 para tomarlo ya pasado el mediodía.

La 15 brigada, que mandaba Valledor, con John Gates de comisario, colaboró con dos de sus batallones en la conquista de Ascó por la … y prosiguió su avance en dirección Gandesa.

Pasado el mediodía, la 35 división había salido a Camposines, punto neurálgico de aquella zona, en el centro del territorio donde se desarrollaba la operación y que seguiría siéndolo en el periodo defensivo, y hasta el fin de la batalla, como eje de nuestro movimiento durante el repliegue.

Al final de la jornada, las unidades de la 35 división habían profundizado 25 km. en su avance, conquistando Corbera y estaban sobre Gandesa, que no pudieron tomar por falta de apoyo de artillería y tanques. Era la unidad que tenia aquella misión. Su avance facilitó extraordinariamente el de la 11 división. La 35 hizo al enemigo centenares de prisioneros y cogió como trofeo un grupo de artillería de 75 mm a tracción mecánica, dos depósitos de intendencia en Venta de Camposines y Corbera y un parque de pontones pesados de fabricación extranjera.


Los ataques de nuestras unidades en todas las direcciones durante esta jornada no dieron los resultados que buscaban

Mi puesto de mando avanzado se instaló al O. de la carretera que llevaba a Gandesa, en el morro corrido que había después de rebasar Corbera, quedando ésta a la izquierda (cota 402). Desde allí se veían perfectamente las fuerzas de la 35 división y el sector donde operaba la 16.

A las 5,00 horas del día 30, las unidades de los Cuerpos XV y V reiteraron su esfuerzo ofensivo, atacando en todo el frente. Las que lo hicieron en Gandesa, continuaron con la misma misión. Y la 3a división, sobre Villalba, con el fin de atraer el máximo de reservas enemigas que llegaban constantemente al sector de Gandesa.

Entrada la mañana, las unidades de la 16 división habían progresado en su sector de ataque, pero sin conseguir romper la defensa enemiga. La 35 división profundizó y avanzó un kilómetro y medio en dirección SO con los batallones 51 y 52, de la 13 brigada, que mandaban respectivamente, Mihaly Szalvai, húngaro, y Fernando de Haro (Señor) y de los que eran comisarios Jaime Villadroza, del 51, y Eugenius Szyr, polaco, del 52, los cuales entraron en cuña en el dispositivo enemigo. La 46 división, en el flanco izquierdo del V, ganó posiciones, avanzando en dirección Chalaneras y alcanzando las cercanías de Bot.

Hacia las 10 horas el enemigo contraatacó con grandes contingentes de fuerzas en todo el sector de Gandesa. Uno de sus contraataques 10 realizó sobre las cotas 471 y 463, defendidas por los batallones 57 y 60, de la 15 brigada; el jefe del 57 batallón era Bill Alexander y el comisario Bob Cooney. Un primer escalón de dos batallones enemigos, seguidos de otros dos y apoyados por el fuego de 80 cañones, atacaron resueltamente. Dejándoles acercarse mucho, los combatientes de la 15 brigada infligieron un tremendo castigo a las unidades enemigas, las cuales dejaron el campo sembrado de bajas. Les hicieron prisioneros y persiguieron con sus fuegos a los que se retiraban, alocados, hasta más allá de sus posiciones de partida.

Rechazado el contraataque enemigo a la 15 brigada, las unidades de la 11 división emprendieron un nuevo ataque siguiendo el eje Pinell-Gandesa, avanzando unos cientos de metros y ocupando posiciones de las que desalojaron al enemigo. Por su parte, unidades de la 35 división, al flanco de la 11, ocuparon la cota 382 al NE. de Gandesa.

Nuestro avance al E. de Gandesa provocó otra reacción enemiga en esa dirección. Esta vez fueron 8 batallones los que, apoyados por cien cañones y varias formaciones aéreas, atacaron la cota 382, que recuperaron después de una enconada porfía. Pero el objetivo que perseguían tenía mucho más vuelo, ya que persistieron en su esfuerzo después de ocupar dicha posición. Los ataques enemigos fueron rechazados, haciéndoles fracasar en su intento de profundizar en el dispositivo de las divisiones 11 y 35.

Los combates para tomar Gandesa prosiguieron en las jornadas siguientes, hasta el 3 de agosto en que pasamos a la defensiva. Para dar más cohesión a las fuerzas que atacaban la villa, al final del día 30 designé un solo mando circunstancial de las mismas, encargando a Merino, jefe de la 35 división, del sector Centro que se formó con ellas. La misión y los objetivos de las unidades que lo integraban eran, en esencia, los mismos que anteriormente:

  • La 16 división seguiría atacando en dirección S. para conquistar, sucesivamente, las cotas 470, 463 y 469, Cruz de la Saboga y Cendrozas, cortando las comunicaciones al O. de Gandesa.
  • La 35 división proseguiría sus ataques a la villa para envolver sus defensas e irrumpir en ella por el NO.
  • Las dos brigadas de la 46 división mantendrían sus posiciones en las cercanías de Bot y atacarían en dirección La Molleta, el Ginebral y la cota 358, enlazando en Cendrozas con las unidades de la 16 división.

Ni el XV Cuerpo conquistó Gandesa, ni el V Cuerpo tomó Bot, aunque nuestras unidades alcanzaron sus puertas. Suspendimos la maniobra ofensiva y pasamos a la defensiva el día 3.

La 35 división, una vez relevada por la 27, pasaría a ser reserva efectiva del Ejército, quedando a disposición mía e instalándose en la zona del cruce de Camposines.


Pedro Mateo Merino. Por vuestra libertad y la nuestra

Cruce del río

Al amanecer del 24 de julio tuve conocimiento de la hora, en que daría comienzo el paso del río: las 00.15 del día 25, fecha en que los franquistas habían planeado su entrada en Valencia. Sin embargo, más de la mitad de los medios de paso agregados a nuestra unidad llegaron al sector a media noche –con gran estruendo, por cierto–, y retrasaron en casi tres horas el inicio de la operación. A ello contribuyó también una circunstancia imprevista: los jefes de las brigadas XI y Xl confundieron la hora de comienzo del paso con la salida de la base de partida, lo que originó un retraso de media hora. La «barrera idiomática» ocasionaba a veces ciertos, enojosos malentendidos.

El acercamiento del material a la línea de partida, situada a 150-200 metros del río, pudo terminarse únicamente a la una y media del día 25. De las 78 barcas ordenadas por XV Cuerpo de Ejército no se recibieron más que 52 (dos tercios de lo previsto), lo que permitía el paso simutáneo de unas dos compañías de infantería en cada sector. La XIII Brigada efectuó el paso en 22 barcas (ocho en el primer viaje y catorce en el segundo de cada escalón); la XI, en 30 barcas (seis en el primer viaje, quince en el segundo y nueve en el tercero).

Llevando consigo las embarcaciones, el escalón de sorpresa de la XIII Brigada salió a la playa de embarque a las tres de la madrugada. Estaba formado por personal seleccionado entre los exploradores y que conocía bien el terreno en la margen opuesta, así como la defensa enemiga, y por la primera compañía del 50º batallón, al mando del capitán Wasyl Lazowy. Cruzó el río, desembarcó en la orilla contraria y tomó posiciones sin ser advertido por el adversario. Mas cuando pasaba el río el primer escalón, que siguió al de sorpresa, los fascistas hicieron fuego intenso. Esto sirvió de señal para el ataque del escalón de sorpresa que destruyó con granadas de mano dos nidos de ametralladoras y aseguró el desembarque del primer escalón. Lo inesperado del ataque sembró el pánico entre el enemigo, que ya no fue capaz de ofrecer una resistencia organizada en este sector. Delante se abrían los barrancos de Fonteulles y de la Esperanza, entre Ascó y la Sierra de las Perlas.

Una vez conquistada la cabeza de puente prevista y guarnecida por un batallón, el mando de la XIII Brigada aceleró el paso del grueso de las fuerzas (batallones 52°, 49° y 51°) para desarrollar sin demora la ofensiva en la margen derecha, contribuyendo decisivamente al éxito de fa operación de cruce del río. En el transcurso de dos horas la XIII Brigada logró reducir las posiciones enemigas próximas al río y penetrar más de tres kilómetros en la profundidad enemiga ocupando las zonas de La Cas y Rebasada. Debido al hundimiento de algunas barcas a consecuencia del fuego enemigo, cerca de dos compañías del batallón Mátyás Rákosi pasaron el Ebro a nado llevando consigo las armas. A las 04.00 se tendió la primera pasarela, en el sector número 2 (junto a la confluencia con el río de la Torre) y a las 04.40 terminó el paso de la XIII brigada, a excepción de la artillería antitanque, los morteros pesados y el tren de combate. Seguidamente comenzó a pasar el batallón de ametralladoras número 35 y los dos primeros batallones de la XV Brigada.

Algo más afectada por el retraso en la llegada del material –lo que se reflejó seriamente en la falta de simultaneidad del paso, agravada por la insuficiente maniobrabilidad del E. M. y la lentitud en el movimiento de las tropas– la XI Brigada inició el paso a las 5.10 de la mañana, habiendo perdido el factor sorpresa y ya casi de día. El enemigo abrió un nutrido fuego de· ametralladoras y morteros, lo que sembró cierta confusión, más un destacamento de cien hombres logró desembarcar en la orilla opuesta dándose comienzo al forzamiento planificado bajo la protección del fuego de la artillería, los tanques y la infantería propia. El enemigo resistió tenazmente en Ascó y en las alturas al norte y noroeste del mismo, lanzó al contraataque dos compañías contra el primer escalón de la XI Brigada. A las 11.00 habían desembarcado en la margen opuesta dos batallones solamente. La pasarela tendida en este sector fue pronto destruida por el fuego de la artillería franquista.

Nada más hacerse de día se trasladó a la altura 120, en la orilla derecha del Ebro, el P. C. de la división con el jefe de la misma y el grupo operativo del E.M., compuesto de cinco oficiales. Desde la cota 120 se podía observar a corta distancia el combate en la zona de Aseó, y dirigir el desarrollo de la rotura y el avance de las tropas en la profundidad cercana. En el antiguo P. C. quedaba el 2.0 escalón del E. M., con el jefe de éste, para coordinar el paso de las demás tropas y asegurar el abastecimiento de víveres y municiones. Así mismo, se ordenó el desplazamiento de los EE. MM. de las brigadas al otro lado del río.

A las pocas horas cruzaban el Ebro por la pasarela número 2, cañoneada por el enemigo, Luigi Longo (Gallo), inspector general de las Brigadas internacionales, y André Marty, organizador y comisario político de las mismas, quienes visitaron la cabeza de puente conquistada y desde el P.C. avanzado presenciaron durante algún tiempo la marcha general de la operación. Los cañonazos levantaban trombas de agua que zarandeaban el largo puente de asalto como si fuera un barquichuelo indefenso en medio de la borrasca.

La tenaz resistencia del enemigo en Aseó y alturas al norte de éste imposibilitaba iniciar el tendido de los puentes en dicha zona, de los cuales dependía el paso de los tanques, la artillería y el transporte automóvil para el abastecimiento y la
maniobra de las tropas. Por ello decidí atacar Aseó de revés, desde el oeste y suroeste, con dos batallones de la XV Brigada, apoyados por la artillería y los tanques, que hacían fuego desde su dispositivo en la margen izquierda del río.


Hundimiento general de la defensa franquista

A las 05.40 comenzó a cruzar el río por la pasarela la XV Brigada, bajo el bombardeo de la artillería enemiga. Destruida la pasarela por el fuego del adversario y parcialmente arrastrada por las aguas, la xv Brigada prosiguió el paso en barcas. Desde las 07.00 Aseó quedó cercado, pero el enemigo siguió combatiendo hasta que el 44.0 batallón de la XI Brigadaconquistó la torre de la iglesia lugareña, último baluarte de la defensa. Esto sucedía a las 10.45. 

Aquí perecieron, entre otros, los escandinavos Karl Erustet, jefe de compañía, y Vigo Peterson, enfermero. En el transcurso de unas horas de combate todo el sistema defensivo de primera línea se había derrumbado. Para consumar la rotura, aún quedaba el enfrentamiento con las reservas tácticas y operativas que cerraban el camino a Gandesa, y que se cifraban en un mínimo de cuatro batallones.

El enemigo replegó la artillería sobre las estribaciones meridionales de la Sierra de la Fatarella y a las 9.00 reanudó el cañoneo de la pasarela número 2, que poco más tarde era bombardeada y destruida de nuevo por la aviación franquista. En las estribaciones de la Sierra de la Fatarella se combatió hasta mediada la tarde, hora en que la XI Brigada –ayudada por el intrépido avance del flanco izquierdo de la división– redujo la última resistencia del enemigo haciendo más de 300 prisioneros pertenecientes a los batallones 16.° de Mérida y 4.° de Gerona.

Entre tanto, las fuerzas de vanguardia de la XIII Brigada, mandadas por el mayor Boleslaw Molojiec (Edward), segundo comandante de la misma, avanzando rápidamente en el dispositivo enemigo, de 7.00 a,S.OO alcanzaron el cruce de carreteras de la Venta de Camposines, a 15 kilómetros del río, donde coparon el PC del sector defensivo, con el teniente coronel Peñarredonda, jefe de la 1ª brigada (50ª División de infantería fascista) y su Estado Mayor en pleno, adueñándose
de un importante depósito de víveres. En la reducción de este núcleo franquista resultó herido el comisario político de la vanguardia (batallón 50°), Boleslaw Máslankiewicz.

Así pues, el frente enemigo de Ascó a Miravet quedó sin dirección y, bajo los golpes de las divisiones 11 y 35, se desmoronó, dispersándose sus fuerzas en todas las direcciones para caer prisioneras o aniquiladas al intentar abrirse paso hacia Gandesa.

La XIII Brigada reagrupó sus fuerzas y reanudó el avance sobre Corbera y Gandesa, llevando ahora en vanguardia el batallón Palafox. El Rákosi quedaba en misión de cobertura sobre las alturas inmediatas al cruce de Camposines. Debido al retraso de la XI Brigada, entre las dos que constituían el primer escalón se había creado un intervalo de 10 kilómetros.

Una tras otra, en los sectores de paso, las escuadrillas fascistas lanzaban su carga mortífera. Presintiendo 'la magnitud de la derrota de la agrupación que defendía la línea del Ebro, el alto marido fascista confiaba en hacer fracasar la ofensiva de las tropas republicanas con incursiones masivas de la aviación de bombardeo sobre las zonas de paso del río. A las 10.00 empezó el bombardeo aéreo de las pasarelas y sectores de paso, que se repitió varias veces en el transcurso del día. Mediada la jornada, la Legión Cóndor, al mando del general Hellmuth Volkmann, lanzaba ya sus bombarderos contra las tropas de Modesto. El Ejército del Ebro atacaba sin el apoyo o la cobertura de la poco numerosa aviación republicana, que en su totalidad defendía Valencia y protegía desde el aire las principales ciudades de la España leal.

Para desarrollar el éxito de la XIII Brigada y vigorizar su flanco derecho, decidió adelantar al primer escalón la XV Brigada y encomendarle la misión lejana que la orden de operaciones asignaba a la XI Brigada. Penetrando en la rotura, la XV Brigada avanzó en la dirección general de Ascó-Venta de Camposines y alcanzó la zona montañosa de Coll del Coso sin hallar resistencia organizada.

En su impetuoso avance, la XIII Brigada se acercaba ya a Corbera, localidad importante sobre la carretera, a pocos kilómetros de Gandesa. Serían las cuatro de la tarde. En la carretera, delante del pueblo, apareció una columna fascista
de unos dos batallones que marchaban al encuentro de la vanguardia republicana. Desplegándose sobre la marcha, la XIII Brigada atacó enérgicamente al enemigo, apoyada por el fuego de un grupo mecanizado de cañones de 75 mm, capturado
a los fascistas y manejado por los artilleros-antitanquistas de la brigada. Después de un combate de dos horas, los batallones franquistas dejaron sobre el terreno más de 100 bajas y, escapando a la amenaza de ser envueltos y cercados por el flanco izquierdo de la brigada, se retiraron desordenadamente hacia Gandesa, perseguidos por el batallón Dombrowsky.

Unos 200 hombres del 3 batallón de la Victoria y del 5° Tabor de Regulares de Melilla (ambos de la 13 División) cayeron prisioneros. Corbera volvió a ser republicana, y en poder de las tropas atacantes quedaron los depósitos de intendencia y material ingeniero del sector, de los cuales habrían de abastecerse durante los primeros días las fuerzas leales, prácticamente aisladas de sus bases de suministro. La brigada se adueñó asimismo de un parque de pontones pesado, de fabricación danesa, que los fascistas tenían 'preparado con vistas al forzamiento del río Ebro. En Corbera se cogió numerosos documentos de la 13ª División rebelde –a la que pertenecían los batallones derrotados– incluso el diario de operaciones correspondiente a los meses de febrero, marzo y abril de 1938. Según declaraciones de los prisioneros, la columna se proponía defender a toda costa Corbera y ganar tiempo para organizar la defensa de Gandesa, adonde estaban llegando las primeras reservas operativas, procedentes de Lérida.

Persiguiendo al enemigo y sosteniendo combate con sus núcleos dispersos, la brigada alcanzó al anochecer el cementerio nuevo de Gandesa, a 600 metros de la población, y fue detenida en su avance por el fuego organizado de tropas enemigas que ocupaban posiciones delante de la misma, atrincheradas y con a1ambradas en algunos sectores. Después de repetidos ataques en que el mando de la brigada lanzó al combate todas sus reservas, incluso la sección de guardia en el PC logró adueñarse del cementerio viejo y salir a las afueras norte de Gandesa, mas faltaron tropas frescas para introducirlas en la brecha y desarrollar el éxito. Por el flanco izquierdo no había indicios de que las tropas de la 1lª División republicana se acercaran a Gandesa, lo que hubiera hecho crítica la situación del enemigo, al verse éste amenazado de inminente cerco.

Los prisioneros hechos al final de la jornada confirmaban la presencia de nuevas unidades de la 13ª División franquista, recién llegada de Lérida, y de la 84ª, procedente de Levante, trasladadas en camiones con toda urgencia. El 5° Tabor de
Regulares de Melilla (comandante Mateu) había perdido durante la jornada más de 500 hombres, quedando reducido a los efectivos de una compañía, según palabras que uno de los prisioneros atribuía al teniente-ayudante de la Torre Pascual. En situación parecida se hallaba el 3er batallón de la Victoria.

Después de la toma de Ascó y la reducción de los últimos núcleos de resistencia en las inmediaciones del río, la XI Brigada desarrolló el éxito con un batallón en el flanco derecho, que, lanzado a la persecución de los restos del enemigo, ocupó el pueblo de La Fatarella, en el sector de la división vecina. Los otros tres batallones el mando de la brigada los concentró a la altura del kilómetro 6 de la carretera de Gandesa a Flix (entre Aseó y Venta de Camposines) y esperó la llegada del día siguiente. La actuación, no del todo resuelta y algo insegura, del comandante de la XI Brigada motivó que el Esado Mayor de la misma no centrara debidamente el avance del primer escalón y que éste se desviase de la dirección en que la brigada tenía la orden de progresar en la profundidad del dispositivo enemigo y no corrigiese a tiempo la desviación. Todo ello ocasionó gran pérdida de tiempo.

La 3ª División, que atacaba a nuestra derecha, llegó al atardecer a las inmediaciones de Fatarella y, advirtiendo la presencia de tropas en el lugar, creyó que se hallaba en poder del enemigo. Luego de un corto tiroteo, el Mando de la división vecina decidió pernoctar en las afueras y esperar a que amaneciese para lanzar sus tropas al ataque del lugar. Sólo al hacerse de día se. puso en claro que la villa estaba ya ocupada por el 41 batallón de la XI Brigada. Esta errónea iniciativa
fue causa de que la XI Brigada se retrasara casi una jornada en su llegada a la zona de Gandesa, donde se libraba el combate principal, y de que la XV Brigada tuviera que cumplir misiones de primero y segundo escalón, debilitando su avance al norte de Gandesa.

Cuando los dos batallones de la XV Brigada que iban en cabeza –el 58º y el 59º– avanzaban por las alturas de Partida de Fanjuanas, varias compañías fascistas que se habían hecho fuertes en la sierra del Lavall de la Torre, batiendo con el fuego el trayecto de carretera entre Venta de Camposines y Corbera, amenazaron seriamente el flanco izquierdo y las comunicaciones de la XIII Brigada. A petición del Mando de ésta, el comandante de la XV hizo cambiar la dirección de los otros dos batallones (57 y 60, que se hallaban en Coll del Coso, lanzándolos al ataque para desalojar al enemigo de la mencionada sierra y limpiar la retaguardia. Los batallones 57 y 60 derrotaron a los fascistas, quienes retrocedieron en dirección a Gandesa, perseguidos por los atacantes, dejando en nuestro poder numerosos prisioneros del 12 batallón de Bailén y el 19º de Zamora. Los dos batallones republicanos intentaron penetrar en .Gandesa por el sudeste, pero tropezaron con la resistencia organizada de tropas frescas que se habían atrincherado en el monte Puig del Aliga. A su izquierda no había tropas republicanas, y los citados batallones, manteniendo contacto con el enemigo, no pudieron ya reintegrarse al resto de la brigada, que atacaba en el flanco derecho. Así pues, la XV Brigada se vio fraccionada en dos núcleos que actuaban en los dos flancos de la división.

Ya bien entrada la tarde del primer día de la operación aún quedaban en manos del enemigo: Flix, en el flanco derecho de la rotura, dentro de la zona de la 3ª división, y Mora de Ebro, en el flanco izquierdo de la rotura, dentro de la zona asignada al V Cuerpo de Ejército. El 35 batallón de ametralladoras cubría el flanco izquierdo de la cabeza de puente de nuestra división en las estribaciones meridionales de la Sierra del Aguila, entre Aseó y Mora de Ebro, donde había dispersado a dos columnas enemigas que intentaron abrirse paso desde el sur, haciendo prisioneros del 17º batallón de Mérida. La retaguardia de la división, montañosa y cubierta de bosques en su mayor parte, hervía de grupos y unidades fascistas en retirada que atacaban a nuestras tropas, puestos de mando y Servicios, tendiendo emboscadas, y cortaban las comunicaciones. El tendido de líneas telefónicas marchaba con gran retraso respecto a las tropas de vanguardia de la división. De momento contábamos con una sola estación de radio, utilizada especialmente para la escucha del sistema tierra-aire de los fascistas.

Debido a la intensa actividad de la aviación fascista y al carácter del material –poco adecuado para la maniobra rápida– el tendido de los puentes pesados y medios no marchaba al ritmo que cabía esperar, pese a la abnegada labor de las tropas de ingenieros. La artillería, los tanques, el transporte automóvil y las municiones seguían en la margen izquierda. Según el plan de operaciones del Cuerpo de Ejército, en las primeras horas del día 26 debían empezar a funcionar una compuerta de 25 toneladas y un puente de vanguardia, de madera, que soportaría hasta cinco toneladas, entre Vinebre y Ascó. El paso de los tanques (20 toneladas por unidad) y el de los blindados (12 toneladas) requería, pues, diecisiete horas de continuo trabajo de la compuerta. Se había previsto que la artillería pasara por el puente, y, tras ella, las ambulancias sanitarias y el tren de municionamiento. Para la evacuación de los heridos y el suministro, en la cabeza de puente no contábamos más que con una ambulancia sanitaria y una veintena de camiones capturados al enemigo.

Como resultado de los combates del 25 de julio, la 35ª División había cumplido todos los objetivos de la primera fase de la operación, situándose a las puertas de Gandesa (a 22 kilómetros del río), su misión lejana, en la profundidad de todo
el dispositivo enemigo de Flix a Miravet. Había hecho 600 prisioneros, causando al enemigo más de 300 bajas entre muertos y heridos, adueñándose de cientos de fusiles, ametralladoras y morteros, siete piezas de artillería de 75 mm, con tractores oruga, dos depósitos de intendencia (en Venta de Camposines y Corbera), un depósito de ingeniería y gran número de pontones metálicos de fabricación danesa aparcados en Corbera.

Durante la jornada habían quedado fuera de combate, hundidas o averiadas por el fuego y los bombardeos enemigos, casi la mitad de las barcas. Las dos pasarelas para infantería, al norte y al sudeste de Ascó, habían sido restauradas por los ingenieros republicanos. A media noche quedaría montada una compuerta para pequeño tonelaje. El puente de vanguardia de Aseó sólo estaría terminado en la mañana siguiente, doce horas más tarde de lo previsto en el plan de operaciones del XV Cuerpo de Ejército. A duras penas, y sólo parcialmente, se iba efectuando el municionamiento y la evacuación con ayuda de las embarcaciones disponibles.

En el sector vecino, a nuestra derecha, la 3ª División había forzado el río y desarrollaba con éxito la ofensiva. A las 17.00 capituló la guarnición enemiga de Flix, haciéndose 600 prisioneros. La división ocupó con su flanco izquierdo la mitad septentrional de la sierra de la Fatarella, dando vistas al pueblo del mismo nombre. Aquí esperó el amanecer para reanudar el avance. A nuestra izquierda, en el sector de Ginestar-Benifallet, el V Cuerpo de Ejército pasó el río con dos divisiones y avanzaba en el dispositivo enemigo, según las últimas noticias de que disponíamos.En las direcciones de los esfuerzos secundarios cada uno de los dos CC. EE. había desembarcado una brigada en la orilla opuesta, y sostenían combate con el enemigo.

Así pues, el Ejército del Ebro había roto el frente en una anchura de 50-60 kilómetros y una profundidad máxima de veinte, infligiendo una grave derrota al Cuerpo de Ejército marroquí. Y desarrollaba su éxito inicial apoyando los flancos en los ríos Matarraña y Canaleta. Jamás la primera jornada de ninguna operación había ofrecido resultados tan prometedores.

El mando de la 35ª División decidió trasladar el P.C. a las inmediaciones norte del cruce Venta de Camposines (casa 850 metros al oeste del kilómetro 5 de la carretera de Camposines a Flix), concentrar la XI Brigada al oeste de Corbera, formando el segundo escalón de la división, con la misión de avanzar tras el flanco derecho de la misma y desarrollar la ofensiva. El primer escalón reiteraría el ataque 'para la conquista de Gandesa y el cumplimiento de la-s misiones posteriores asignadas al mismo.

El 35° batallón de ametralladoras recibió la orden de trasladarse a los accesos a Gandesa y ocupar frente delante de la población, al mando de la XIII Brigada, que debía reagrupar el grueso de sus fuerzas hacia el flanco derecho y en cooperación con dos batallones de la XV Brigada envolver a Gandesa des de el noroeste, salir a su retaguardia y cortar las comunicaciones de la villa.Por carecer de medios de transporte en la cabeza de puente, todos los movimientos hubo que efectuarlos a pie, en terreno montañoso, y quedaron terminados entrada ya la mañana del día 27.

El P.C. de la división se halla ya en la cota 402, a dos kilómetros del frente (uno y medio al norte de Corbera), desde donde se observaba toda la zona de Gandesa en una profundidad de varios kilómetros. Proseguíase la limpieza de la zona de Pico a y sierra de Lavall de la Torre por fuerzas del escuadrón de caballería.

En la noche del 25 se dieron órdenes de forzar el tendido del puente de vanguardia. Ante todo había que pasar el tren de municionamiento, los blindados, la artillería ligera y los medios automóviles de evacuación y maniobra.

Pocos días después (el 29 de julio) resultaba herido en las cercanías de Gandesa el mayor Otto Flatter, entregando el mando de la XI Brigada al mayor Adolf Reiner (Anton Dobritshofer), veterano luchador de nacionalidad austriaca, que anteriormente mandaba el 44° batallón.

También la XV Brigada había cambiado de jefe en vísperas de la operación, pasando a mandarla el mayor José Antonio Valledor Álvarez, procedente del norte. Poseía un largo historial de lucha, y había mandado en Asturias el 246° batallón, primero, y luego, la 199 Brigada mixta.


La lucha por Gandesa

Gandesa era el nudo de comunicaciones más importante del enemigo en la retaguardia próxima al frente de operaciones y abría el camino hacia Caspe y Valderrobres para salir a la retaguardia profunda del ejército fascista que atacaba Valencia.

El enemigo desplegó ante Gandesa unidades de las divisiones B." y 84.", de la reservaoperativa y estratégica, respectivamente, apoyándolas de primera intención con artillería alemana de 88 mm 58, antiaérea, utilizada para batir objetivos terrestres en este caso. En la noche del 25 al 26 dichas tropas se fortificaron con trincheras y alambradas en los sectores norte, este y sur de la población. Apoyado por el fuego de la artillería, el enemigo contraatacó la cota 403 en el flanco izquierdo de la XIII Brigada, pero fue rechazado por el 52 batallón.

A las 10.00 del día 26 estuvo preparado para el tráfico el puente de Aseó. Por él cruzó el río el automóvil del jefe de la división; detrás seguía el tren de municionamiento. Debido a una maniobra desafortunada del chófer, el camión que iba delante rozó una de las vigas de sostén del puente, no bien empotrada, al parecer, en el fondo de la arena, y originó la inclinación progresiva de un tramo. La impetuosa corriente completó la obra. Así pues, el primer puente de vanguardia quedó inutilizado antes de que lograra pasar un solo vehículo con municiones. Detrás esperaban los blindados, la artillería, los tanques, el transporte automóvil. .. De momento no teníamos mas que una compuerta al sur de Aseó, pero había que acondicionar los caminos de acceso para asegurar su pleno rendimiento. En ella empezaron a cruzar el río los blindados y la artillería antitanque.

Se recrudecía el combate por Gandesa, adonde habían llegado durante la noche nuevos refuerzos enemigos. Grupos sueltos hostilizaban nuestras comunicaciones en algunos sectores del territorio conquistado. Una columna de 2-3 batallones, que se retiraba de Mora de Ebro en dirección a Fatarella, arrasó el segundo escalón del P. C. de la XIII Brigada en la Venta de Camposines, exterminó la dotación de un blindado, hizo prisionero al teniente Goddard, jefe de operaciones de la Brigada Lincoln, al pasar en motocicleta por la carretera, y llegó a la zona del P.C. de la 35ª División. El Estado Mayor divisionario ordenó que la XI Brigada, con algunos blindados que habían pasado en la compuerta, saliera en persecución de la columna enemiga, dejando protegido el cruce con un batallón. Informado de la orden por el capitán José Martínez, jefe de operaciones de la división, el mando de la XI Brigada dispuso la salida de sus tropas y no tardó en dar alcance a los batallones fascistas, cortándoles los caminos de retirada. El jefe de operaciones de la Brigada Lincoln propuso a los fascistas que se entregaran. Convencidos de que era inútil ofrecer resistencia, la columna de 900 hombres depuso las armas y se entregó prisionera al mencionado oficial, quien la condujo custodiada por tropas de la XI Brigada al punto de reunión de prisioneros. Eran los últimos restos organizados de la 1ª Brigada (50ª División).

Dos compañías que cubrían la retirada de la columna al sudeste de Camposines fueron hechas prisioneras casi sin combate. Las tropas enemigas que se defendían en la caudalosa vía fluvial había quedado paralizadas y desmoralizadas por el
audaz forzamiento del río y el intrépido avance del Ejército republicano del Ebro. Núcleos sueltos de la 2.' Brigada (teniente coronel Capablanca) se defendían en Fayón y Villalba de los Arcos. La 50ª División había quedado pues deshecha en todo el frente.

Mediante acciones y maniobras rápidas, los republicanos tenían la posibilidad de conseguir el hundimiento general de todo el frente enemigo del Ebro e infligir al ejército fascista la mayor derrota de toda la guerra. Para ello se requería adelantarse al enemigo en la introducción al combate de las reservas operativas, asegurar el paso a tiempo de los tanques y la artillería a la margen derecha, maniobrar ágilmente no entablando ataques frontales -aprovechando incluso las noches con fuerzas preparadas al efecto- y, sin detenerse, cortar las comunicaciones de los núcleos enemigos que resistían. Todo eso implica la más estrecha cooperación y coordinación de acciones entre los dos Cuerpos de Ejército atacantes del primer escalón, y, en especial, entre sus flancos contiguos.

En las últimas horas del día 26 conocíamos ya la situación exacta de nuestro vecino de la izquierda. El V Cuerpocontaba ya con artillería, tanques y blindados, que habían cruzado el río por el puente de Ginestar, antes de su destrucción por los bombardeos aéreos y la riada. La 11ª División (comandante Joaquín Rodríguez López) había alcanzado la línea (Cerro de San Marcos-Sierra de Pándols, estableciendo contacto con el 57º batallón de la XV Brigada que ocupaba la cota 481 de Puig del Aliga, al sudeste de Gandesa: la exploración había localizado en Bot fuerzas de la 13ª División franquista. A nuestra derecha se oía el combate de la 3.' División republicana en las inmediaciones de Villalba de los Arcos con tropas
de ·la mencionada gran unidad enemiga. En esas direcciones aparecerían esta misma jornada unidades de la 82ª División (general Delgado Serrano), de la 84ª División (coronel Galera), llegada de Levante, y de la 74ª (coronel Arias), procedente de Extremadura, respectivamente.

Todo el meandro del Ebro entre las desembocaduras de los ríos Matarraña y Can aleta se hallaba .en poder de los republicanos, que eran ya dueños de Ribarroja, Flix, Ascó, La Fatarella, Corbera, Mora de Ebro, Miravet y Pinell. Dominaban totalmente las sierras de La Fatarella, el Aguila, Picosa, Lavall de la Torre, Cabals, Pándols y otras zonas montañosas de gran valor operativo.

Al entrar la noche del 26 de julio, el comandante del XV Cuerpo de Ejército, teniente coronel Tagüeña, decidió que la 16 División, segundo escalón del Cuerpo, pasara el río con vistas a ser empleada en la cabeza de puente. Sin embargo,en la zona de la 35ª División no había otros medios de paso que las barcas, una compuerta y dos pasarelas, restauradas no pocas veces después de los encarnizados ataques de la aviación fascista. La compuerta y las barcas transbordaban con apremio municiones y elementos de combate. Los víveres de que disponían las tropas atacantes estaban a punto de acabarse. La aviación había consumado la destrucción del puente de vanguardia tendido al pie de Aseó. A la margen derecha se logró hacer pasar, utilizando la compuerta, sólo una compañía de blindados, que, en unión del escuadrón de caballería divisionario, efectuaba la limpieza de la cabeza de puente, infestada de grupos enemigos dispersos. Entre los muchos caídos organizando el cruce del río se hallaba el teniente Juan de Dios Egea, oficial de enlace del Estado Mayor.

Durante la tarde del 26 la aviación enemiga bombardeó Corbera y la arrasó casi por completo, evidentemente con objeto de destruir los depósitos de intendencia y los pontones concentrados en este lugar.

En los dos primeros días de la operación la 35ª División había hecho cerca de 4.000 prisioneros, cogiendo más de 3.500 fusiles, ametralladoras y morteros, y 7 cañones de 75 mm con tractores-oruga. Entre los prisioneros se hallaban un teniente
coronel (Peñarredonda), varios comandantes y numerosos oficiales.

El tendido de los puentes metálicos y de madera pesados se demoraba considerablemente en virtud de los constantes bombarderos de la aviación enemiga. Sólo el V Cuerpo de Ejército había logrado tender en la segunda mitad del 26 de
julio un puente ligero y uno pesado de vigas de madera en Ginestar, por los que pasaron 28 blindados, 6 tanques, algunos cañones sobre camiones, gran número de vehículos automóviles con municiones y víveres, carros de municionamiento, mulos de carga y ambulancias de la mencionada gran unidad. Por la compuerta de Aseó había pasado el grupo de artillería del 76,2 divisionario y otras varias unidades artilleras del XV Cuerpo de Ejército, algunos blindados y municiones.

A las 19.00 del 27 comenzó la subida de las aguas, y la velocidad de la corriente aumentó de 1,5 metros a 3,5-4 metros por segundo. Los fascistas habían levantado las compuertas del embalse de Camarasa (Noguera Pallaresa), y luego levantarían
las de Barasona (Esera), elevando el nivel del río en 1,5-2 metros, con un incremento de su caudal en 600 metros cúbicos por segundo. La corriente, de enorme potencia, destruyó y se llevó o dejó anegados por el agua los puentes ya tendidos o en vías de construcción. Hasta la travesía en lanchas motoras se hizo realmente difícil, debido a la gran velocidad de la corriente. Hubo que elevar en 2,5 metros más el puente de hierro que se construía cerca de Flix, y cuya altura sobre el
fondo del río llegó a ocho metros.

Abriendo las compuertas de los otros embalses del sistema hidráulico que tenía en su poder, el enemigo contaba con la posibilidad de aumentar el débito del Ebro en 1.200 metros cúbicos por segundo y elevar el nivel del agua en tres metros. La avenida aislaba temporalmente de sus bases de aprovisionamiento y de la mayor parte de su técnica de combate pesada, que no había tenido tiempo de cruzar el río, a la agrupación republicana de 60.000 hombres que avanzaba en la margen derecha del Ebro. Varios cientos de heridos yacían en los puestos sanitarios de batallón y brigada, esperando su evacuación a los hospitales de campaña situados en la margen izquierda de la vía fluvial.

El mando republicano estableció un sistema de observación que permitía advertir en adelante el peligro de avenida 12-20 horas antes de que empezaran a subir las aguas en los sectores de paso y adoptar a tiempo algunas medidas de protección de los puentes y otros medios de paso. Los efectos de la primera riada duraron hasta el día 29 de julio.

Los obreros de las empresas industriales de Barcelona trabajaban abnegadamente para asegurar al Ejército del Ebro de todos los medios que requería el tendido y la reparación de los puentes, destruidos por la aviación fascista y las crecidas. Las tropas de pontoneros derrochaban heroísmo para cumplir con su misión combativa en condiciones tan difíciles.

En la mañana del 27, el flanco derecho de la XIII Brigada y dos batallones de la XV reanudaron sus ataques a Gandesa desde el nordeste. Los batallones 50° y 51° de la XIII desalojaron a los fascistas de la primera línea, alcanzaron el cementerio viejo y, en unión de los batallones 58° y 59º de la XV, cortaron con fuego directo la carretera Gandesa-Villalba de los Arcos en el tramo 1-4 kilómetros al norte de Gandesa. El adversario lanzó apresuradamente sus reservas al flanco izquierdo de la defensa y ensanchó su frente hacia el Norte para evitar el envolvimiento. Dos grupos de artillería facciosa (88 y 155 mm) concentraron su fuego sobre los batallones atacantes. El intento de salir a las comunicaciones de la ciudad con el oeste no tuvo éxito, y la débil potencia de fuego de la división no permitió romper la defensa enemiga en toda su profundidad. En este sector había perecido heroicamente la víspera, al frente de su compañía, la tercera del batallón 50°, el
capitán Adam Lewinski, universitario polaco.

Aún no era posible renunciar al servicio de patrulla y limpieza, que seguían efectuando el escuadrón de caballería y la compañía de blindados. Un grupo enemigo atacó por la noche el P.C. de la división, y después de un breve combate,
aprovechando la oscuridad, se dispersó en los bosques circundantes, dejando varios prisioneros en nuestro poder. Tras las posiciones fascistas se oía el constante rumoreo de motores, indicando la llegada de columnas de transporte automóvil que venían de la profundidad con refuerzos.

Al amanecer del día 28 se emprendió un nuevo ataque a Gandesa, con el apoyo de una compañía de tanques, introduciendo al combate la XI Brigada (con tres batallones) en la soldadura de la XIII y la XV. Un batallón, el 44º, quedó como reserva del jefe de la división en la Venta de Camposines, hasta la llegada de nuevas fuerzas.

Poco antes del comienzo del ataque, el Estado Mayor del XV Cuerpo de Ejército informó de la situación de las tropas del Ejército del Ebro al finalizar el 27 de julio. El XV Cuerpo había alcanzado la línea: Alto de los Auts, cruce de la carretera de Maella a Fraga, desembocadura del río Matarraña (42ª División), inmediaciones de Pobla de Masaluca y Villalba de los Arcos (3ª División, reforzada con la 224 Brigada), afueras este de Gandesa y Puig del Aliga (35ª División).

El V Cuerpo de Ejército había conquistado la Sierra de Pándols (11ª División) y la orilla izquierda del río Canaleta,(46ªDivisión, a las órdenes del mayor Domiciano Leal Sargentes).

La 45ª División internacional (teniente coronel Jorge Hans Kahle), había forzado el río con una brigada, la XIV (comandante Marcel Sagnier, comisario político Henri Rol Tanguy), en las proximidades de Tortosa, pero contraatacada por fuerzas considerables del enemigo tuvo que replegarse a la margen izquierda del Ebro después de un empeñado combate, en el que perecieron al frente de sus tropas el comandante y el comisario político del batallón Comuna de París, René Marcel Cazala y Francisco Parra.

Comenzaba el cuarto día de la operación. Por la noche, la compuerta había reanudado el trasbordo de la artillería, municiones y víveres. En Aseó y Ginestar pasaron algunas ambulancias sanitarias. Empezó la evacuación acelerada de los
heridos graves. Las compañías de tanques se dirigieron a la zona de Flix, donde los pontoneros del Ejército estaban terminando el tendido de un puente metálico pesado.

A las 6.30 comenzó a pasar el río por Ascó la 24 Brigada (16ª División) que luego de una marcha de 25 kilómetros, sólo al anochecer podría concentrarse en la zona de Corbera.Nada más iniciarse el cuarto día de combate el enemigo lanzó sus escuadrillas de aviación contra Corbera, Venta de Camposines y los sectores de paso, efectuando en el transcurso del día 200 vuelos avión observados por nosotros. Una tras otra pasaban las oleadas de los Heinkels, Stukas y Capronis; acompañados por los Messerschmitts, bombardeando desde gran altura y en picado. Cierto, derrochaban no pocos esfuerzos para destruir los puentes falsos de la lona pintada tendidos con objeto de enmascarar los verdaderos pasos.Cinco-seis grupos de artillería fascista abrieron fuego masivo sobre el flanco izquierdo de la XIII Brigada y las inmediaciones de Corbera.

En cumplimiento de la orden de operaciones, la XV Brigada atacó la altura 442, donde halló fuerte resistencia de tropas considerables atrincheradas. El enemigo había fortificado las posiciones durante la noche, reforzándolas con tropas frescas recién llegadas.

La XI Brigada, con tres batallones, entró en combate cuando se iniciaba un repliegue de la XV, contraatacada desde la altura 442. Con su actuación detuvo y rechazó al enemigo, que protegido por un intenso fuego artillero pasó de nuevo al contraataque y para el final de la jornada logró mantener en su poder esta importante posición.

La XIII Brigada avanzaba lentamente con su flanco derecho a cortar la carretera de Gandesa a Villalba de los Arcos. Los fascistas retrocedían ofreciendo tenaz resistencia, cubriéndose con barreras de fuego artillero y antitanque que inutilizó
cuatro carros de combate.

En el flanco izquierdo de la división, en cooperación con el batallón de ametralladoras, atacó el 60º batallón de la XV Brigada y ocupó la altura 382 al este de Gandesa, mas antes de haber logrado fortificarse –contraatacado por fuerzas superiores– volvió a perderla.

Resumiendo los combates de la jornada, el mando de la división vio claro que los heroicos ataques de las unidades de infantería no habían culminado en la toma de Gandesa por la falta de medios de reducción. La única artillería con que se
contaba, el grupo divisionario de 76,2 mm y los cañones de trofeo –emplazados al sur de Corbera–, sólo por la tarde tuvo los tiros corregidos, y dispuso de los proyectiles necesarios, para hacer fuego intenso desde posiciones cubiertas. El
enemigo contaba ya con cuatro grupos de artillería en Gandesa y un número considerable de piezas antitanques. Lo muy accidentado del terreno, sembrado de rocas y obstáculos naturales, cohibía la maniobra de los tanques y los hacía caer bajo el fuego de las piezas anticarro, bien enmascaradas en posiciones ventajosas.

Delante de Gandesa el adversario había creado un frente continuo con trincheras y alambradas, y a nuestras maniobras de envolvimiento contraponía el desplazamiento rápido de las reservas contraatacantes al flanco amenazado. Se cogieron prisioneros de la 82ª División enemiga (coronel Serrano), traída de Levante a Gandesa. Ante la 35ª División se defendían fuerzas muy superiores del enemigo: unidades de las divisiones fascistas 84ª, 13ª (general Barrón) y 82ª, en posiciones organizadas y con el apoyo masivo de la aviación y la artillería. Para el desarrollo sucesivo de la operación en este sector se requería concentrar tropas frescas y lograr una nueva rotura del frente con ayuda de grandes medios bélicos -por no existir ya espacios libres para la maniobra- y esto sin demora, pues los datos de la exploración hablaban de la llegada de nuevas importantes reservas operativas y estratégicas del enemigo a la zona de Gandesa.

Pese a la heroica labor de las tropas de ingenieros para asegurar el paso, las reservas operativas del Cuerpo de Ejército comenzaron a llegar al saliente central de la cabeza de puente al finalizar el cuarto día de la operación, cuando el mando fascista había conseguido ya lanzar grandes fuerzas, dotadas de potentes medios bélicos, al encuentro de las tropas atacantes. El momento oportuno para el desplome total de la defensa fascista en el río Ebro –desde la desembocadura del Segre hasta el mar– y la completa derrota de su agrupación operativa aquí desplegada se había dejado pasar. Habría que afrontar una lucha dura por cada palmo de tierra con un enemigo técnica y numéricamente más fuerte que nosotros.

Este mismo día comenzó a funcionar el puente de madera tendido al sudeste de Ascó, dando paso al tren de servicios de la división; pero su capacidad de carga no permitía el paso de los tanques y la artillería pesada. Después de cinco días decisivos de forzada inactividad, la masa principal de tanques y artillería inició el paso por el puente de hierro de Flix, tendido por el XV Cuerpo de Ejército. En la noche del 30 al 31 de julio cruzaron el río las dos últimas compañías de tanques.

En la noche del 28 al 29 empezaron a dislocarse en la margen derecha del Ebro los servicios del XV Cuerpo de Ejército. El teniente coronel Tagüeña trasladó su P. C. a la cabeza de puente conquistada, al sur del pueblo de la Fatarella. Seguíamos sin apoyo aéreo de ningún género. El cielo de la guerra continuaba siéndonos adverso.

Durante toda la noche el enemigo acusó febril actividad, atacando infructuosamente varias posiciones republicanas. En los caminos que venían del oeste se advirtió, como en días anteriores, un tráfico permanente de automóviles. Desde que
amaneció, la exploración aérea fascista pendía sin cesar sobre nuestras cabezas.

La 16ª División republicana (brigadas 23, 24 y 149, comandante Manuel Mora) –sin los servicios de transmisiones, intendencia y sanidad– se había concentrado al norte de Corbera. El teniente coronel Tagüeña se proponía introducirla al combate en la soldadura de las divisiones 3ª y 35ª con la misión de romper el frente y cercar Gandesa.

A las 20.00 horas del día 29 las bajas de la 35ª División, entre muertos, heridos y desaparecidos, eran las siguientes: XI Brigada, 307 hombres; XIII Brigada, 420; XV Brigada, 552, y batallón de ametralladoras, 45 hombres. En total ascendían
a 1.324 hombres, o sea, el 11 por ciento de sus efectivos al comenzar la operación. Debido principalmente a los intensos bombardeos aéreo-artilleros, y al combate cercano con granadas de mano, el porcentaje de muertos y el de heridos graves eran muy altos. Entre los muchos que perecieron heroicamente en esta etapa a las puertas de Gandesa recuerdo al comisario adjunto de la XIII Brigada, Salomón Jaszurisky (Justyn), conocido publicista y hombre de ciencia; al teniente Jan Gacek, jefe de la primera compañía del batallón Palafox; al teniente Izrael Halsberger, jefe de la segunda compañía de dicha unidad, y al sargento Gustav Kisiel (Guslik), todos ellos polacos; al teniente Ildefonso Solé Vilanova, jefe de la tercera compañía; a José Domingo y Jaime Pi, del batallón Adam Mickiewicz; a los internacionalistas cubanos de la XV Brigada, Efraín Guash León (subcomisario de batallón), Pedro Suárez Ballesteros (delegado político de ametralladoras), Arnold Reed (comisario 1er
batallón), José Real Alvarez, Antonio Correa Salas, Pedro Regalado Montero y tantos otros.

Pues bien, a efectos de la cooperación con el segundo escalón (reserva) del Cuerpo decidí reconstituir el segundo escalón divisionario sobre la base de la XI Brigada, que en la noche del 29 de julio fue relevada por los batallones 58º y 59º de la XV Brigada.

Al amanecer se reanudó la ofensiva en todo el frente. A nuestro flanco derecho atacaba la 16ª División, que arrebató al enemigo la altura 442 (norte), siendo detenida en la misma, aunque no llegó a utilizar la 149 Brigada, su segundo escalón. La XIII Brigada salió con su flanco izquierdo a las afueras norte de Gandesa entre las dos carreteras. Dos batallones franquistas contraatacaron el flanco izquierdo de la división, pero fueron rechazados, y en su retirada –perseguidos por el 60º batallón de la XV Brigada– perdieron la cota 382. Un destacamento de tanques de la l1ª División avanzó sobre Gandesa desde el sudeste, apoyados por el fuego de cinco o seis baterías, mas no les siguió la infantería. Llenos de pánico, los
fascistas abandonaron las posiciones avanzadas y retrocedían apresuradamente hacia la villa. Sin embargo, viéndose aislados de su infantería, los tanques consumieron la dotación de municiones y tuvieron que retornar a las posiciones de partida.

Con cierto retraso, el 60º batallón (Mackenzie-Papineau) trató de aprovechar el éxito de los tanques, pero fue contraatacado con el apoyo de varios grupos de artillería, y perdió la cota 382, que antes había ocupado y aún no se hallaba preparada para la defensa de cara al oeste. En los combates de la jornada, el mencionado batallón había perdido la cuarta parte de sus efectivos. Para rechazar el nuevo contraataque enemigo hubo que introducir al combate el 43º batallón de
la XI Brigada, apoyado por la segunda compañía de tanques, y acercar el segundo escalón al flanco izquierdo.

Al finalizar la jornada no se había conseguido más que un cierto mejoramiento de la primera línea en el flanco derecho. El flanco izquierdo seguía sin variación. Cuatro tanques resultaron averiados por el fuego de la artillería enemiga. Se cogieron prisioneros de las divisiones 13ª, 50ª y 105ª.

Así pues, el enemigo había concentrado ya en el sector de Gandesa tres divisiones nuevas: la 74ª, la 13ª y la 82ª, y restos de las divisiones 50ª y 105ª, así como una numerosa artillería de apoyo, antitanque y antiaérea, que utilizaba para
batir objetivos terrestres, por no actuar 'la aviación republicana.

Los republicanos teníamos frente a Gandesa en ese momento dos divisiones –la 16ª y la 35ª– y parte de la 11ª, dos compañías de tanques y dos o tres grupos de artillería.Cabe tener en cuenta además que las divisiones republicanas eran de composición fija (13 batallones como máximo con tres brigadas), mientras que las facciosas eran de composición muy variable, oscilando por lo general entre 12 y 60 batallones, con efectivos equivalentes, a veces, a los de un Cuerpo de Ejército o Ejercito republicanos, incluso, por lo que ambos conceptos no son equiparables. Más cerca de la realidad está la correlación por el número de batallones y de armas.

Los últimos días del mes nos trajeron la noticia del audaz golpe de mano efectuado por el XXIII Cuerpo de Ejército (teniente coronel José María Galán) en tierras de Granada, liberando a centenares de oficiales y soldados republicanos prisioneros en el fuerte de Corchuna. Mediante una acción combinada de desembarco marítimo en la retaguardia enemiga y penetración terrestre, impecablemente organizados, se llevó a cabo esta operación hoy clásica en su género.


Reagrupamiento de las Fuerzas

A media noche del 30 de julio llegó la orden de operaciones número 7 del Ejército del Ebro, disponiendo una nueva agrupación ofensiva de las tropas que atacaban en la margen izquierda del río. En la misma se decía, entre otras cosas: Nuestra misión es derrotar al enemigo y salir al espacio operativo antes de que llegue el grueso de las fuerzas adversas trasladadas de otros frentes.

La cabeza de puente se reorganizaba en tres sectores: Norte, Centro y Sur, encargándose del segundo al comandante de la 35ª División. A disposición de éste quedaban: las divisiones 16ª y 35ª, que integraban el Grupo Septentrional del sector, y las brigadas 100 (comandante Santiago Aguado, comisario político Andrés Ramírez) y 101 (comandante Severiano Aparicio Gaya), reunidas en el Grupo Sur; así mismo, dos compañías de tanques, dos de autoblindados, nueve grupos de artillería y dos baterías antiaéreas de 20 mm. En suma: 15.000 fusiles, 4.000 fusiles ametralladores, 160 ametralladoras, 70 morteros, 22 tanques medios, 23 automóviles blindados y 72 piezas de artillería.

Ahora bien, no todo había pasado ya el río ni se encontraba aún en las posiciones de fuego. Contábamos con poco más de veinticuatro horas para efectuar todos los preparativos del ataque, incluyendo la aproximación de la artillería de apoyo, su emplazamiento y tiros de corrección, en medio de una intensa crecida del río y el martilleo constante de la numerosa aviación ítalo-germano-franquista. Hasta las cinco del día uno de agosto. En situación análoga se hallaban las agrupaciones de conjunto y contrabatería. Sin preparación minuciosa apenas cabía confiar en el éxito de la operación, y el tiempo nos atenazaba despiadadamente.

Así tuvimos que afrontar el cumplimiento de la misión cercana del sector Centro: romper el frente enemigo al norte y sur de Gandesa, cercar esta población, cerrando las pinzas cuatro kilómetros al oeste de la misma y tomarla. Con el flanco izquierdo establecimos un sistema de comunicación directa por “bioscas” (telégrafo óptico), mediante código de señales, a través de las alturas 402 (PM), 660 (Vértice Caballs) y 252 (al sur de Pinell).

En la mañana del 31 de julio, por primera vez apareció sobre nosotros la aviación republicana: una escuadrilla de caza se mantuvo encima de la cabeza de puente cerca de dos horas, durante las cuales no hicieron acto de presencia las fuerzas aéreas del adversario. El enemigo bombardeó luego repetidas veces desde el aire nuestro dispositivo y los pasos, hizo tiros de corrección artillera y sufrió ataques de nuestra exploración en varias zonas del frente.

Sólo por la noche, la artillería logró ocupar las posiciones de fuego y establecer enlace con las unidades del sector, a través de simples líneas telefónicas longitudinales. A las seis y media del día uno inició los primeros tiros de corrección, sin haber podido tender aún líneas colaterales para la cooperación con la infantería y los tanques.

A las 8.05 nueve aparatos de bombardeo republicanos atacaron los emplazamientos de la artillería franquista y las reservas del enemigo al noroeste de Gandesa. Nada más terminarse el bombardeo aéreo, que duró treinta minutos, comenzó la preparación artillera, que desencadenó un fuego masivo sobre la cota 356. A las nueve, la artillería trasladó el fuego al interior del dispositivo enemigo y la infantería se lanza ataque.

El enemigo abrió intenso fuego de contrabatería, a consecuencia del cual quedaron cortadas las precarias comunicaciones telefónicas entre el P. C. de la artillería propia y las unidades. En este momento, los facciosos acercaron sus reservas para contraatacar el flanco izquierdo de la 16ª División. Volando a gran altura, los bombarderos facciosos asestaban golpes masivos contra nuestro orden de batalla. Toda nuestra artillería callaba, salvo un grupo de apoyo directo de la Brigada.

De inmediato la 16ª División desalojó al enemigo de posiciones avanzadas; el adversario flaqueaba, parecía cercana la ruptura, y para desarrollar este éxito inicial se aproximaron al flanco derecho dos batallones de la XI Brigada. A su derecha, atacaba enérgicamente la 3ª División del XV Cuerpo de Ejército, enfrentándose con la 74ª franquista y restos de la 50ª (coronel Coco), desplegados entre Fayón y Gandesa. Así mismo, había comenzado el ataque en el frente del Grupo Sur. Tras varias horas de empeñado forcejeo y ligeros a veces, no se advertían cambios sustanciales en los flancos. En el centro del dispositivo, la defensa frontal de Gandesa había rechazado el asalto del 52º batallón, inutilizando varios tanques; con los tres averiados en la misma jornada al sudeste de Gandesa sumaban ya ocho.

Hubo que rehacer el orden de batalla y restablecer las comunicaciones con la artillería, para montar luego un nuevo ataque al atardecer. Tampoco éste logró romper la defensa enemiga. El adversario era ya más fuerte que nosotros en efectivos y medios bélicos. Con la agrupación operativa del Ejército del Ebro que desarrollaba la ofensiva se enfrentaba unidades de 15 divisiones rebeldes.

Contraatacado por fuerzas superiores, el Grupo Sur había cedido las avanzadillas, fortificándose en las estribaciones oeste de la Sierra de Pandols. Todo hacía pensar que el enemigo se preparaba para una contraofensiva general próxima. Por la noche llegó la orden del teniente coronel Modesto de pasar a la defensa en todo el frente, organizar el terreno en profundidad y esperar el relevo de la 35.' División en las primeras jornadas.

Todos los días precedentes habían sido también de marcada actividad en el flanco izquierdo de la: cabeza de puente. Tratando de abrirse paso hacia la retaguardia de la agrupación facciosa de Gandesa, las unidades del V Cuerpo de Ejército penetraron a lo largo del río Canaleta y el día 30 llegaron a ocupar la ermita de Bot, un kilómetro al norte de este punto, luego de vencer la enconada resistencia de tropas de la 13ª División y de la 4ª navarra (general Alonso Vega), en ayuda de las cuales acudían nuevos refuerzos. Para evitar la caída de Bot, el enemigo contraatacó con una división los flancos de la 100 Brigada, que se adentraba en cuña, y logró adueñarse de las alturas 624, 648 y 644 de la Sierra de Pandols, saliendo al flanco y a la retaguardia de las brigadas 9 (comandante Matías Yagüe, comisario político Andrés Cuevas) y 100.

El uno de agosto ellas hubieron de replegarse a las vertientes sur de la sierra. Las divisiones republicanas 11ª y 46ª (comandante Domiciano Leal Sargentes, comisario político José del Campo) rechazaron al enemigo, que trataba de abrirse paso hacia Pinell, y mantuvieron en su poder el Racó del Abadejo y las cumbres principales de la sierra de Pandols. E12 de agosto pasaron también a la defensa en la línea: Cerro de San Marcos, Racó del Abadejo, vertiente sur de la sierra de Pandols y río Canaleta, hasta su desembocadura en el Ebro.

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