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Este libro homenajea a las mujeres brigadistas, pero también españolas, antifascistas todas, que trabajaron en el frente y los hospitales para salvar la vida y curar a militares y civiles víctimas de la terrible agresión fascista.

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La larga guerra de un sastre de Bruselas

Sven Tuytens

Belgas, en la guerra civil española

Voluntarios de las BI con mujeres madrileñas en diciembre de 1936. Szerman es el 2º por la derecha, de pie.

Como periodista belga que ha echado raíces en España, siento un fuerte interés por la historia de la Guerra Civil Española, especialmente por los muchos aspectos que aún parecen pendientes de ser descubiertos o conocidos con mayor profundidad. En 2017, de una forma casi casual, comencé una investigación centrada en un grupo de jóvenes mujeres voluntarias de mi ciudad natal, Amberes, que en mayo de 1937 partieron hacia España para trabajar como enfermeras en el hospital de sangre que la Internacional Obrera y Socialista (IOS) acababa de fundar en el municipio valenciano de Ontynient.

Al poco, aproveché uno de mis habituales viajes de trabajo a Bruselas para establecer contacto con Thérèse Szerman, hija de Adela Korn, una de esas voluntarias belgas que habían captado con tanta fuerza mi atención. Por ella supe que, además de su madre, también su padre, llamado Alter Szerman, se había involucrado en la guerra española incorporándose a las Brigadas Internacionales desde un momento muy temprano, en octubre de 1936. Pasarían diez años desde entonces hasta que Alter pudiera regresar a Bélgica, en 1946.

En 1947, pasado un año desde su regreso, Alter se casó con Adela, y los dos veteranos del Ejército popular republicano fueron a vivir a un pequeño apartamento de un barrio obrero de Bruselas, en el que Alter volvió a ejercer su viejo oficio de sastre sin apenas hablar sobre su larga experiencia en dos guerras, la de España y la Segunda Guerra Mundial. Lo que no contaba es que había sido uno de los comandantes de la compañía Botwin, de la XIII Brigada Internacional, una unidad que estuvo compuesta mayoritariamente por brigadistas judíos y que sufrió graves pérdidas en las más importantes batallas. Pasados 80 años de aquello, su hija Thérèse ponía en mis manos un verdadero tesoro: todas las fotos de su padre, algunas de las cuales se publican aquí por primera vez para que su larga trayectoria de lucha antifascista vea por fin la luz.

Clandestino en Amberes: 1926 – 1936

Alter Froïm Szerman nació en el seno de una familia judía el 17 de octubre de 1909, en la ciudad polaca de Ozarów. En 1922, y no precisamente por gusto, sus padres tomaron la decisión de salir de Polonia. Sería para siempre. Los motivos para alejarse de su país de origen no eran solo económicos, sino también políticos. La Primera Guerra Mundial había significado, entre muchas cosas, el fin de los imperios ruso, otomano y austro-húngaro, y el surgimiento en 1918 de nuevos países independientes, uno de los cuales fue Polonia. Allí, el nacionalismo imperante en la joven nación hizo revivir el antisemitismo tradicionalmente presente en la sociedad polaca, generando una situación ciertamente difícil para la comunidad a la que pertenecía la familia de Alter Szerman. Como norma general, hasta los primeros años veinte, los judíos de los países del Este emigraban principalmente hacia los Estados Unidos y, en menor medida, a Argentina y Brasil, pero como veremos, esta era una norma con excepciones.

La familia Szerman viajó en barco desde el puerto polaco de Danzig hasta Liverpool, como primera etapa de un viaje que debía terminar en Canadá. En el Reino Unido, todo aspirante a reembarcar hacia el país norteamericano debía superar un examen médico para obtener el visado, pero esto no lo consiguieron ni Alter ni uno de sus hermanos, por causa de problemas en la vista. Entonces la familia decide viajar a Bélgica, lo que naturalmente repercutiría en las siguientes etapas de sus vidas.

En 1926, Alter, que entonces tenía 17 años, encontró empleo como aprendiz de un sastre, también judío. En los antiguos Países Bajos la presencia judía era muy numerosa desde la edad media. En ese período había en esta ciudad portuaria muchos jóvenes inmigrantes como él, razón por la que Alter se sentía a gusto en esta urbe cosmopolita que le permitía hacer una vida muy diferente a la que había conocido en su Polonia natal. Muy pronto se encontró integrado y rodeado de amigos, por lo que se olvidó de la idea de seguir intentando emigrar a Canadá.

Participante habitual en los lugares de encuentro frecuentados por inmigrantes judíos, con frecuencia acudía a un local en el centro de la ciudad donde se discutía sobre temas de actualidad y política, motivados por una simple reseña de prensa. El idioma empleado allí era el común para todas las comunidades judías del centro y del este de Europa: el yidis, cuya sintaxis y léxico le debe mucho al alemán, por ser ambas lenguas germánicas, como también lo es el neerlandés, mayoritariamente hablado en Amberes. Con la Revolución Bolchevique a punto de cumplir su primera década de existencia, era natural que en esos encuentros surgieran intensas discusiones entre comunistas y sionistas, en las que Alter estaba alineado con el primero de estos grupos. Según él mismo contaría a su hija, inicialmente ese lugar de encuentro común era una especie Speaker’s Corner (Rincón del orador) de Hyde Park, en Londres, para más tarde convertirse en la “Kultur Farain”, que en yidis significa Asociación Cultural, que contaba con cientos de miembros registrados, la mayoría polacos y letones. Siempre según Alter, los jóvenes iban diariamente a partir de las seis de la tarde a la Kultur Farain, hora en que se abrían las puertas y se les ofrecía un bufet frío. La asociación contaba con una biblioteca muy bien surtida.

Por representar la mayoría de miembros de la asociación, en las reuniones de la Kultur Farain prevalecían los comunistas. Cuando se celebraron elecciones para elegir una nueva junta directiva, fueron ellos quienes tomaron el timón, y lo que originalmente era una asociación cultural se convirtió en otra de naturaleza política en la que el sionismo ya no tenía cabida. En línea con su pensamiento internacionalista, Alter y los otros comunistas tomaron una posición contraria hacia las acciones sionistas en Palestina.

La gravísima crisis económica que se inició en el mundo capitalista en 1929 se manifestó también con dureza en Bélgica, agudizando el conflicto social y las reivindicaciones de sus trabajadores. En este contexto, la policía redobló el control sobre los inmigrantes indocumentados, sobre todo si tenían militancia comunista, con el fin de expulsarlos fuera del país.

Como consecuencia lógica, la politizada Kultur Farain tuvo que pasar a la clandestinidad en 1933. Tres años más tarde, desde el verano de 1936, las principales actividades de esta organización se centraron en la ayuda a la lucha que la República española sostenía frente a la sublevación militar iniciada en julio.

Brigadista en Albacete y Madrid: octubre de 1936

En octubre de ese mismo año, los primeros voluntarios “belgas” partieron hacia España para luchar contra el fascismo que arraigaba y amenazaba con seguir extendiéndose en Europa. La partida de Alter se produjo el mismo día de su cumpleaños, y con él iba un grupo de sus amigos: Chaim “Adolphe” Karp, François Goth, Bob Berger, Orzcek “Nathan” Czak (muerto en combate, en enero de 1937), Abraham Schapira (herido en Brunete, el 16 de julio 1937) y Emiel Akkerman (muerto en combate en Casa de Campo de Madrid, el 14 de noviembre de 1936), un líder sindical entonces muy querido por los obreros en Amberes.

A pesar de su militancia, todos se marcharon sin pedir permiso al Partido Comunista belga; y como otra muestra de su motivación colectiva, debemos señalar que la letra original de la canción “La marcha de Dombrowski” (Marsz Brygady Dabrowskiego) fue escrita por Czak, siendo la música de un autor desconocido. Este texto en polaco aparece en el Cancionero de las Brigadas Internacionales, editado por Ernst Busch, en 1937. Cruzando ilegalmente en dos ocasiones las fronteras francesas, estos siete voluntarios llegaron a Figueras el 20 de octubre de 1936, vía Port Bou. Su aventura como combatientes empieza en Albacete, base de las incipientes Brigadas Internacionales.

Allí, en Albacete, el grupo fue asignado a la segunda compañía del batallón Edgar André, de la recién formada XI Brigada Internacional. Orzcek “Nathan” Czak más tarde se uniría al grupo polaco del Batallón Rakosi, integrado en la XIII Brigada Internacional. El Rakosi estuvo formado mayoritariamente por húngaros, y, como el resto de unidades integrantes de las Brigadas Internacionales, fue disuelto en el otoño de 1938, siendo sus combatientes no españoles repatriados.

En primera línea en Madrid: noviembre de 1936

Completado un breve periodo de instrucción en Albacete, Alter llega con la XI Brigada Internacional a Madrid, el 8 de noviembre de 1936, solo un día después de que hubiera dado comienzo el asalto frontal de las columnas franquistas sobre la capital republicana. El mando de la defensa le encomendó a esta unidad la tarea de cerrar el paso a las fuerzas atacantes en el sector derecho del dispositivo recién creado por Miaja y Rojo, en cuya inmediata retaguardia estaban la Ciudad Universitaria, el Parque del Oeste y el Paseo de Rosales, todos ellos nombres de lugares que serían determinantes en los días siguientes.

Ocupando una amplia zona de partida al oeste y al sur de la ciudad, las fuerzas del sublevado general Varela escogieron el sector de Casa de Campo como eje principal de ataque. Durante una semana de durísimos combates pudieron ser contenidas por la defensa republicana, pero finalmente el día 15 lograron alcanzar el río sobre un corto espacio situado a 400 metros al norte del Puente de los Franceses, lo que permitió que sus vanguardias consiguieran penetrar en la Ciudad Universitaria: ya estaban dentro de Madrid, provocando el momento más dramático para los defensores. El teniente coronel Rojo escribió ese día “nuestro frente fue totalmente roto, precisamente donde mayor era nuestra densidad de ocupación”, lo que da una idea de lo difícil que resultaba para las unidades republicanas apenas militarizadas enfrentarse con tropas profesionales.

Para intentar tapar la brecha creada y envolver la cabeza de puente recién ganada por el enemigo, se ordenó la inmediata intervención de la columna Durruti y de cuantos batallones se pudo retirar de otros sectores de la defensa. Resultaba urgente cerrar al atacante el camino hacia el Hospital Clínico y el barrio de Argüelles, pero también evitar la ampliación de su dominio sobre la Ciudad Universitaria y en cualquier otra dirección. Cubriendo el norte de la misma, la XI Brigada Internacional se lanzó también a primera línea; el batallón en el que estaba Alter Szerman, el Edgar André, se hizo fuerte en la zona del Palacete de la Moncloa, mientras que el batallón Comuna de París se atrincheró en la facultad de Filosofía y Letras y en los pabellones que formaban la facultad de Medicina.

Los combates en la Ciudad Universitaria resultaron de una dureza extrema, pero tras el primer avance franquista en su interior, las líneas no volvieron a sufrir cambios apreciables, lo que pone de relieve la furia con la que ambas fuerzas defendieron sus posiciones en los sucesivos ataques y contraataques que tuvieron lugar, hasta que el día 23 de noviembre, fecha en la que el mando franquista debió darse por vencido, suspendió el ataque frontal a Madrid. La victoria, importantísima pero temporal, alcanzada por el mando, las fuerzas y el pueblo implicados en la defensa de Madrid permitieron el relevo de la XI Brigada Internacional de sus posiciones. En aquel momento de disminución momentánea de la tensión, el grupo judío confraternizaba con el resto de combatientes internacionales y españoles; la lucha había convertido a los supervivientes en camaradas de por vida, y Alter se reencontraba con Maks Stark, compañero también de Amberes. De estos días parecen ser dos fotos de Hans Beimler, el diputado del Parlamento alemán y miembro de Partido Comunista de Alemania (KPD), que formaba parte del batallón Thaelmann, también de la XI Brigada Internacional, y que moriría poco después, el 1 de diciembre, junto con el comisario político del batallón Thaelmann, Louis Schuster (cuyo verdadero nombre era Franz Vehlow). Parecía que la lucha se cobrara diariamente la vida de los más apreciados.

Defendiendo la carretera de La Coruña, en la Batalla de Niebla: diciembre de 1936

Fracasado el ataque frontal a Madrid, la siguiente acción bélica que implicó a la XI Brigada Internacional fueron los combates que tuvieron por escenario buena parte de la zona oeste de Madrid. Se trataba de la conocida como “batalla de la niebla”, una serie de tres ataques consecutivos que el mando franquista, ahora en manos del general Orgaz, lanzó tras haber reforzado sus columnas, con el fin de desbordar la ciudad por la izquierda y después entrar en ella. En el marco de esta nueva ofensiva, la carretera de La Coruña fue un elemento central para defensores y atacantes, convirtiéndose en el eje de los principales combates.

Primero frente a Boadilla del Monte y más tarde en el entorno de Majadahonda y Las Rozas, los batallones de la XI Brigada Internacional volvieron a sufrir pérdidas muy elevadas, pero supieron pegarse al terreno y vender muy caro cada repliegue parcial que les impuso la lucha, contribuyendo de un modo decisivo al agotamiento del empuje enemigo, que se vio obligado a abandonar su propósito el 10 de enero de 1937. La niebla, tan característica del invierno en el valle del Guadarrama, fue una de las grandes protagonistas de los combates, dando lugar a varios episodios de unidades desorientadas o directamente extraviadas. Terminada la segunda batalla por Madrid, las pérdidas soportadas obligaron a la XI Brigada a trasladarse a Murcia el 14 de enero de 1937, para dar descanso a sus combatientes y afrontar su reorganización. En las mismas fechas en que se lanzaba la ofensiva nacionalista sobre Málaga, recibieron la orden de marchar a Morata de Tajuña.

Oficial en Albacete: febrero de 1937

Con poco más de tres meses de guerra a sus espaldas, Alter y sus compañeros Maks Stark y Menke Bober ya eran considerados como veteranos, a lo que se debía sumar la confianza que merecían como militantes comunistas y voluntarios internacionales. Esto, y por qué no decirlo, la imperiosa necesidad de dotar de mandos al recién creado Ejército popular, explica que el 6 de febrero fueran enviados a la Base de las Brigadas Internacionales en Albacete para recibir formación como oficiales. En un plazo inconcebible en tiempos que no sean de guerra, el 20 de marzo los tres volvieron a incorporarse a su brigada con el grado de teniente, en la que del 1º Batallón (Edgar André), pasaron al 3º (Dombrowski).

Después de un accidente en el que perdió un dedo, Alter se recuperó el 15 de junio de 1937 en un hospital de Murcia (Casa Roja), tras lo que ingresa en la 87ª Brigada Mixta, 20º batallón con el grado de teniente

Ascendido en Brunete: julio de 1937

Maks Stark fue ascendido a capitán durante la batalla de Brunete (6 al 26 de julio de 1937). No está claro cuándo, pero Alter fue también promovido al mismo grado en una fecha similar, aunque ni él ni su nueva brigada de destino, la 86ª, tomaron parte en esta batalla. La que sí lo hizo fue la XI Bridada Internacional (dentro de la 35ª División del general Walter), luchó primero para conquistar Quijorna y después para sostener la primera línea situada entre el pueblo de Brunete y el kilómetro 23 de la carretera de Chapinería a Alcorcón, para tener que replegarse hasta las cercanías de Quijorna, en la jornada final de la batalla. De los 3.000 efectivos de la XI Brigada Internacional, cerca de una tercera parte fueron baja —muertos, heridos y desaparecidos— en la batalla de Brunete, una cifra equiparable a la de tantas otras unidades, fueran mixtas o internacionales. Apenas lo permitió el fin de los combates, buena parte de esas unidades fueron relevadas por otras de refresco, lo que les permitió pasar a recuperar fuerzas en retaguardia.

La brigada de Maks Stark tuvo la zona de Moralzarzal como lugar de descanso. Les debía parecer mentira que el verde, el agua fresca y la amistad de los civiles hubieran estado tan cerca de la tierra quemada por el sol y las explosiones que acababan de dejar atrás. Terminando el mes de julio, el mando republicano realizó una reorganización general de las Brigadas Internacionales, dándoles el carácter de cierta homogeneidad nacional o al menos lingüística que las caracterizaría hasta en adelante. En este contexto, Alter pasa a formar parte de la reorganizada XIII Brigada Internacional, mayoritariamente polaca y balcánica.

Al mando de la compañía Botwin

En diciembre de 1937, catorce meses después de la creación de las Brigadas Internacionales, la segunda compañía del Batallón Palafox de la XIII Brigada Internacional quedó reconocida como unidad de carácter mayoritariamente judío, recibiendo el nombre de Naftalí Botwin, en honor a un comunista judío polaco ajusticiado en 1925 por haber dado muerte a un infiltrado en las filas del Partido. Esta designación fue un logro de los polacos, que desde el verano de 1937 habían manifestado su deseo de constituir una brigada propia, sin llegar a conseguirlo, quizás por falta de efectivos o porque los números (XI a la XV) ya estaban otorgados. El hecho es que la XIII Brigada Internacional fue seguramente la más heterogénea de todas las internacionales, contando finalmente con una compañía judía y otra ucraniana en las que, como en el resto, la presencia de españoles podía alcanzar por entonces el 50%.

La creación de la Botwin pudo haber sido vista también por el mando de las Brigadas Internacionales y la Komintern como una acción propagandística, ya que reforzaba la identificación de la comunidad judía, hostigada o perseguida en varios países, como cercana al comunismo y alejada del liberalismo o el sionismo. El objetivo se logró en gran medida: la compañía Botwin, con su bandera, su periódico y su coro con repertorio en yidis, se convirtió, a pesar de sus reducidos efectivos, en símbolo de la participación judía en la guerra de España, consiguiendo una fuerte repercusión en buena parte de las comunidades judías de los más distantes países.

Herido en el Ebro: septiembre 1938

La compañía Botwin, formada originalmente por 153 combatientes, permaneció en activo nueve meses, en los que el combate fue su realidad casi diaria, llegando a morir en acción de guerra cinco de sus jefes y resultando heridos otros tres. Ese derroche de valor era debido, en parte, a que la propaganda nazi había presentado a los judíos como cobardes incapaces de luchar. La unidad quedó disuelta en octubre de 1938, durante la ofensiva del Ebro, en la que Alter resultó herido y gracias a ello terminaría, a la postre, probablemente salvando la vida. Muchos de sus integrantes murieron también en esta batalla, que alcanzaría los 100 días de duración y en la que los supervivientes, algo menos de 90 brigadistas, cayeron prisioneros y al comprobarse que eran judíos, fueron ejecutados por el Ejército de Franco, a diferencia de los españoles, que fueron llevados a campos de prisioneros. Tras participar en las más importantes batallas de 1938, la compañía Naftalí Botwin terminó su servicio en Palafrugel (Gerona) cerca de la frontera con Francia. Al desmovilizarse a las Brigadas Internacionales, algunos miembros de la compañía decidieron continuar en España y proseguir la lucha junto a las fuerzas republicanas. Tuvieron entonces un papel destacado cubriendo la retirada de las fuerzas y la población civil hacia Francia, siendo desarmados e internados cuando cruzaron la frontera, como el resto.

Prisionero en Francia y Argelia: 1939

Alter deja España con el grado de capitán en febrero de 1939. Pasa por los campos de concentración franceses de Saint Cyprien, Argelès (véase en FV 259 el artículo Juan Mariné, fotógrafo), Gurs, Vernet y el de Djelfa en el desierto de Argelia, entonces colonia francesa.

Soldado británico durante la Segunda Guerra Mundial: 1943 –1945

Alter fue liberado por los aliados del campo de prisioneros de Djelfa en 1943, ingresando de inmediato en el Cuerpo de Servicio del Ejército Real Británico, en el 12º Depósito de Petróleo, unidad de transporte que lo llevó hasta países bajo control británico en Oriente Medio.

Extranjero en Polonia: 195 –1957

Después de la Segunda Guerra Mundial, Alter Szerman regresó a Bélgica, donde en 1946 volvió a ver a su novia Adela, que durante la Segunda Guerra Mundial luchó en la resistencia armada en Bélgica, siendo arrestada por los nazis, que la torturaron antes de mandarla a los campos de exterminio de Ravensbrück y Auschwitz. Superviviente de ambos, Adela consiguió volver a Bruselas en 1945. El 8 de febrero de 1947, Adela y Alter se casaron en esta ciudad. Todavía fieles a sus ideales comunistas, Adela y Alter volvieron ”a casa“, en Polonia, en 1951, pero allí no fueron recibidos precisamente con los brazos abiertos, como esperaban, por lo que no los resultó fácil labrarse una nueva vida, ya que el antisemitismo permanecía presente también en la Polonia comunista y los exbrigadistas tampoco eran bien vistos.

Belga: 1957–1989

La mayoría de los polacos judíos que regresaron a Polonia emigraron por segunda vez a Bélgica y una minoría de ellos se fue al recientemente creado Israel. En 1957, Alter y Adela, intentan salir de Polonia. El único país que les daba un visado era Israel. En el viaje, durante su escala en el aeropuerto de Zaventem deciden quedarse en Bruselas, porque nunca había sido su intención real emigrar a Israel. En Bélgica también tuvieron que volver a empezar una vida nueva, pero al menos allí podían contar con el apoyo y la amistad de sus antiguos camaradas de las Brigadas Internacionales. Se quedaron durante unos meses en casa de una doctora también judía y antigua brigadista. Alter volvió a su trabajo como sastre.

Para ambos, su experiencia en Polonia fue la mayor decepción de sus vidas, al punto que decidieron no tener en adelante ninguna relación con el Partido Comunista y sólo mantuvieron el contacto con un pequeño círculo de amigos de esa larga etapa de intensa, honesta y comprometida militancia.

En 1986, junto con cerca de 400 brigadistas, Alter viajó a Madrid con motivo de los actos de homenaje en el 50º aniversario de su llegada a España. Tres años después, murió en Bruselas, el 10 de diciembre de 1989.

NOTA:

Este artículo apareció publicado en el número 260 de la revista FV (Foto-Vídeo Actualidad) en septiembre de 2018. Tanto su director, Alfonso del Barrio, como el autor del artículo, Sven Tuytens, nos autorizaron a publicarlo en esta web. El artículo aparecía con esta introducción editorial

A veces la fortuna o la perseverancia nos llevan a encontrar un tesoro. Para nosotros, en FV, puede que no haya mayor tesoro que el de la memoria preservada en forma de imágenes fotográficas. Un caso paradigmático sería el trabajo realizado por Paco Gómez con Los Modling, la increíble investigación sobre una familia de artistas norteamericanos realizada a partir de unas fotografías encontradas casualmente en la basura. ¿Cuántos tesoros como ese se habrán perdido para siempre? Es por ello que queremos comenzar una nueva sección en nuestra revista: Tesoros fotográficos. Estará dedicada a esas joyas perdidas, y encontradas, de personajes anónimos o no tan anónimos, que durante su vida atesoraron unas imágenes ahora son historia y hacen historia. Esos tesoros están ahí, sólo tenemos que encontrarnos y enriquecernos con lo que nos cuentan. Comenzamos esta nueva sección con la historia de Alter Szerman, a quien hemos llamado El sastre de Bruselas. Sven Tuytens, periodista belga afincado en España, traza, a partir de unas imágenes cedidas por la familia de Szerman, un singular recorrido por la vida de este hombre, que pensamos que no dejará indiferente al lector.

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